Cuando se bebe mucho alcohol se tiende a hacer tonterías como tratar de saltar un riachuelo. Por supuesto, que el resultado puede ser fatídico o muy fatídico. Con el tremendo pedal que llevaba, es de extrañar que no se hubiera roto el cuello.
Vaya fiesta que tiene este borracho. Además de que se ve que ya le han pegado en los morros, le quedan ganas de vacilarle al policía con el dichoso juguetito. ¡Qué crack!
El consumo del alcohol suele venir de la mano con un intenso sentimiento de euforia. Esto es lo que sintió este borracho a la hora de tratar de saltar un cartel enorme. Parece que pese al dolor, lo volverá a intentar otro día.